Estas son algunas imágenes de los retiros realizados
El pasado sábado 27 se realizó el Retiro Cuaresmal en Vidoño con la asistencia de alrededor de 25 personas.
El sábado 6 se realizó en San Diego con la asistencia de alrededor de 15 personas.
Hoy 13 se realizó en las Colinas del Samán con alrededor de 10 personas. Queda por realizarse el próximo sábado en El Rincón.
Hemos reflexionado sobre las tres virtudes teologales de la Fe, la Esperanza y la Caridad. También hemos hecho Lectio Divina.
En todas las comunidades el tema general ha sido la Encíclica Evangelii Gaudium del Papa Francisco en la parte que habla de las Tentaciones de los Agentes Pastorales (76-101), adaptada a cada lugar.
Pero anterior al tema se han hecho algunas otras reflexiones, de las cuales copio aquí lo siguiente:
LA FE
En Hebreo la palabra tenía la misma raíz que el verbo apoyarse o aquello que es firma.
En griego la palabra que ha pasado a ser la fe designaba tanto la confianza que se podía tener en un deudor que la garantía que él había entregado.
En Heb 11,1 tenemos una definición dinámica de la fe: "Aferrarse a lo que se espera, es la certeza de cosas que no se pueden ver".
Todo el capítulo habla de la fe que tuvieron: Abel, Henoc, Noé, Abraham, Jacob, José, los padres de Moisés, Moisés, Rahab, entre otros.
Partiendo de esto podemos decir que la fe lleva implícita una respuesta del hombre a Dios.
LA REALIDAD
Nos encontramos en medio de una humanidad desorientada que al parecer no sabe hacia donde va. Encima de no saber hacia donde va, se añade el miedo. El miedo paraliza. Posiblemente a nosotros nos ha pasado. Y quedar paralizado es no saber qué hacer, ni cómo hacerlo. Es por eso que cuando nos sorprendió la pandemia hubo un ambiente de incertidumbre y todos los proyectos se quedaron, unos arrancando, otros, en el papel.
Ya nosotros los venezolanos estábamos pasando por situaciones críticas como la escaséz en todos los sentidos, inseguridad, pobreza, corrupción y de añadidura llegó la pandemia cuyas medidas sanitarias no se cumplen por la misma necesidad: o se expone al virus o se muere de hambre.
En medio de todo esto hay dos tendencias: una que puede empujarnos al derrotismo y a sentarnos a la orilla del camino a ver qué pasa; otra, la de no rendirnos y a seguir caminando.
Algunos han aprendido la lección, otros no. Todo esto poco a poco va orientando el camino y el hombre va descubriendo que donde había puesto su fe era en cosas que febnecieron, en personas que drfraudaron, en instituciones que se corrompieron, en medios que se desplomaron. Y es ahí cuando se va dando un despertar en la Fe Verdadera que es la que va conduciendo a la búsqueda del verdadero sentido de la vida. Y ¿dónde está ese verdadero sentido? En Dios.
Entonces es ahí donde nosotros como discípulos de Jesús nos toca asumir la tarea de la evangelización, que no es otra cosa que el anuncio de la Buena Nueva. ¿Quiere decir eso que no lo estábamos asumiendo? No, sino que ahora hay que desinstalarse y buscar otros métodos, lo que podría ser la tan deseada reforma de la que nos habla el papa Francisco en la exhortación Evangelii Gaudium n° 27 que dice: "Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida".
Ahora queda de nuestra parte la salida. Es decir, ponernos en clave misionera. De alguna forma se ha hecho, al menos de manera virtual, pero ¿y los que no tienen medios virtuales? Es ahí, pienso yo, donde tenemos el reto. Y el reto es multiplicar los agentes evangelizadores. Ya sabemos que la evangelización es el anuncio de la Buena Nueva. Comunicar la experiencia de fe. "Es un proceso vivo y complejo, con elementos diversos que es preciso integrar, con constantes vitales que hay que cuidar; si queremos transmitir todos el mismo Evangelio en la diversidad de tiempos, situaciones y culturas (Mc 2,1-12; Hech 2,36-47).
Tenemos que contemplar a Jesús y aprender de Él: cuando evangeliza, Jesús anuncia (con palabras y obras) que el Reino de Dios está en acción. Anuncia una palabra que se cumple, una palabra acompañada de señales y signos: enseña y cura, dice y hace. A la pregunta de los discípulos de Juan, responde con el lenguaje de los hechos (Mt 11,5; Lc 7,22). Evangelizar es sembrar la Palabra en el campo de la historia (Mt 13,3; Hech 8,4; !Tes2,13).
Junto a la acción de Dios, Jesús anuncia la necesaria conversión del hombre Mc 1,15; Heb 2,38). Su programa aparece proclamado en el sermón de la montaña. Jesús evangeliza con la fuerza del Espírtu (Lc 4,14) que es una realidad que brota de su pascua, según su promesa (Jn 15,26-27; 16, 7-15; Hech 2,38). El perdón, la amnistía, la justificación es parte esencial de la Buena Noticia del Evangelio. Quien comienza a creer y comienza a cambiar, ya está juzgado favorablemente por Dios (Jn 3,18). Es el caso del paralítico (Mc 2,5). Lo proclama Pedro el dia de pentecostés (Hech 2,38). Lo proclama también Pablo (Rom 8,21).
Jesús enseña a orar (Lc 11, 1-13). La oración culmina en la celebración de las maravillas de Dios: "jamás hemos visto cosa igual" (Mc 2,12).
Jesús no se identifica con ninguno de los grupos sociales y religiosos de su tiempo: saduceos, fariseos, esenios, escribas. Jesús anuncia el Evangelio a los pobres, la muchedumbre sometida a los poderosos. Su enseñanza no es abstracta: donde hay opresión, hay palabra de liberación. Como aque dia en la sinagoga de Nazareth (Lc 4,18-19).
Cuando evangeliza, Jesús no está solo, comparte su misión. Ahí están los doce (Mt 10,1) y, más allá de este círculo íntimo, está el grupo que sigue a Jesús (Mt 8,22), están los 72 (Lc 10,1), están las mujeres que acompañan a Jesús (Lc 8,1-13). La comunidad es la nueva familia del discípulo, el lugar donde recibe la enseñanza especial del Evangelio, el centro de operaciones desde donde se difunde. En los Hechos de los Apóstoles quien se convierte a Cristo se incorpora a la comunidad (Hech 2,47).
Jesús comienza a evangelizar en la periferia del mundom judío, en Galilea, pero su destino final es Judea, Jerusalén, el Templo. El Templo está manchado y debe ser purificado; más aún, debe ser sustituiodo (Jn 2,13. 22; 4,24). La denuncia del Templo determina el proceso contra Jesús. Se le considera como blasfemo (Mt 26,65), como subversivo (Mt 27,37). Evangelizar significa participar del procesos que a Cristo le lleva a la cruz (1Cor1,23).
Lo que pasó después es proclamado por Pedro el dia de pentecostés como el centro del mensaje cristiano: "Tenga, pues, todo Israel la certeza de que Dios ha constituido Señor y Mesías a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado" (Hech 2,36). El Reino de Dios se manifiesta ahora en la persona de Jesús, constituido Señor de la Historia. Y esto es el fundamento de la fe y es lo que también nosotros proclamamos. Entonces surge la pregunta que nos interpela: ¿Estamos realmente convencidos de esto o estamos frente a un anuncio meramente académico?. Es decir, ¿hemos hecho este proceso de conversión en nosotros?
TEMA DE LA ENCÍCLICA "EVANGELII GAUDIUM"
TENTACIONES DE LOS AGENTES PASTORALES
Dice el Papa "siento una enorme gratitud por la tarea de todos los que trabajan en la Iglesia. Me gustaría más bien reflexionar acerca de los desafíos que todos ellos enfrentan. Cuántos cristianos dan la vida por amor. El hermoso ejemplo que me dan tantos cristianos que ofrecen su vida y su tiempo con alegría.
No obstante, todos nos vemos afectados de algún modo por la cultura globalizada actual que puede limitarnos, condicionarnos e incluso enfermarnos. Necesitamos crear espacios motivadores y sanadores. Lugares donde regenerar la propia fe en Jesús crucificado y resucitado, donde compartir las propias preguntas más profundas y las preocupaciones cotidianas, donde discernir en profundidad con criterios evangélicos sobre la propia existencia y experiencia, con la finalidad de orientar al bien y a la belleza las propias elecciones individuales y sociales. quiero llamar la atención sobre algunas tentaciones.
Yo las he parafraseado de la siguiente manera:
1.- La tentación de la pérdida del entusiasmo: Una preocupación exacerbada por los espacios personales de autonomía y de distensión, que lleva a vivir las tareas como un mero apéndice de la vida, como si no fueran parte de la propia identidad. Una acentuación del individualismo, una crísis de identidad y una caída del fervor. Muchos agentes de pastoral desarrollan una especie de complejo de inferioridad que les lleva a relativizar u ocultar su identidad cristiana y sus convicciones y esto debilita la entrega. Así, las tareas evangelizadoras se vuelven forzadas y se dedican a ellas pocos esfuerzos y un tiempo muy limitado.Suelen caer en un estilo de vida que los lleva a aferrarse a seguridades económicas, o a espacios de poder y de gloria humana que se procuran por cualqwuier medio, en lugar de dar la vida por los demás en la misión. ¡No nos dejemos robar el entusiasmo misionero!
2.- La acedia Egoísta: Cuando más necesitamos un dinamismo misionero que lleve sal y luz al mundo, muchos laicos sienten el temor de que alguien lesd invite a realizar alguna tarea apostólica, y tratan de escapar a cualquier compromiso que les pueda quitar su tiempo libre.Hoy se ha vuelto más fifícil, por ejemplo, conseguir catequistas capacitados para las parroquias y que perseverebn en la tarea durantwe varios años. El problema no es siempre el exceso de actividades, sino sobre todo las actividades mal vividas, sin las motivaciones adecuadas, sin una espirituaklidad que impregne la acción y que la haga deseable. De ahí que las tareas cansen más de lo razonable, y a veces enfermen. Algunos caen en ella por sostener proyectos irrealizables y no vivir con ganas lo que buenamente podrían hacer. Otros, por no aceptar la costosa evolución de los procesos y querer que todo caiga del cielo. Otros, por apegarse a algunos proyectos y sueños de éxitos imaginados por su vanidad. Otros, por perder el contacto real con el pueblo que lleva a prestar más atención a la organización que a las personas, y entonces les entusiasma más la hoja de ruta que la ruta misma. El inmediatismo ansioso de estos tiempos hace que los agentes pastorales no toleren facilmente lo que signifique alguna contradicción, un aparente fracaso, una crítica, una cruz. La fe se va desgastando y degenerando en mezquindad. ¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora!
3.- El pesimismo estéril: Los males de nuestro mundo -y los de la Iglesia- no deberían ser excusa para reducir nuestra entrega y nuestro fervor. Una de las tentaciones más serias que ahogan el fervor y la audacia es la conciencia de derrota que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre. El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es bandera de victoria, que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal. Pero precisamente a partir de la experiencia de este desierto, de este vacío, es como podemos descubrir nuevamente la alegría de creer. Y el el desierto se necesitan sobre todo personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la tierra prometida y de esta forma mantengan viva la esperanza. ¡No nos dejemos robar la esperanza!
4.- El encerrarnos en sí mismos: Encerrarse en sí mismo es probar el amargo veneno de la inmanencia, y la humanidad saldrá perdiendo con cada opción egoísta que hagamos.. El Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus reclamos, con su alegría que contagia en un constante cuerpo a cuerpo. Hoy se nos plantea el desafío de responder adecuadamente a la sed de Dios de mucha gente, para que no busquen apagarla en propuestas alienantes o en un Jesucristo sin carne y sin compromiso con el otro. Terminarán engañados por propuestas que no humanizan ni dan gloria a Dios. Un desafío importante es mostrar que la solución nunca consistirá en escapar de una relación personal y comprometida con Dios que nos comprometa con los otros. Cuando los creyentes procuran esconderse y quitarse de encima a los demás, y cuando sutilmente escapan de un lugar a otro o de una tarea a otra. El único camino consiste en aprender a encontrarse con los demás con la actitud adecuada, que es valorarlos y aceptarlos como compañeros de camino, sin resistencias internas. Descubrir a Jesús en el rostro de los demás. Es aprender a sufrir con Jesús crucificado cuando recibimos agresiones injustas o ingratitudes, sin cansarnos jamás de optar por la fraternidad. Allí está la verdadera sanación, que sabe mirar la grandeza sagrada del prójimo, que sabe descubrir a Dios en cada ser humano, que sabe tolerar las molestias de la convivencia aferrándose al amor de Dios. ¡No nos dejemos robar la comunidad!
5.- Caer en una mundanidad espiritual: que se esconde detrás de apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia, es buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal. Es un modo sutil de buscar sus propios intereses y no los de Cristo Jesús. Esta mundanidad puede alimentarse de una fascinación del gnosticismo; del neopelagianismo autoreferencial y prometeico de quienes en el fondo sólo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar. Esta oscura mundanidad se manifiesta en muchas actitudes aparentemente opuestas pero con la misma pretención de dominar el espacio de la Iglesia. No lleva el sello de Cristo encarnado, crucificado y resucitado, se encierra en grupos elitistas, no sale realmente a buscar a los perdidos ni a las inmensas multitudes sedientas de Cristo. Ya no hay fervor evangélico, sino el disfrute espurio de una autocomplacencia egocéntrica. En cambio, nos entretenemos vanidosos hablando sobre lo que habría que hacer -el pecado del habriaqueísmo- como maestros espirituales y sabios pastorales que señalan desde fuera. Quien ha caído en esta mundanidad mira de arriba y de lejos, rechaza la profecía de los hermanos, descalifica a quien lo cuestione, destaca constantemente los errores ajenos y se obsesiona por la apariencia. Hay que evitarla poniendo a la Iglesia en movimiento de salida de sí, de misión centrada en Jesucristo, de entrega a los pobres. Esta mundanidad se sana tomándole el gusto al aire puro del Espíritu Santo. ¡No nos dejemos robar el Evangelio!
6.- Guerras entre nosotros: Dentro del pueblo de Dios, y en las distintas comunidades, ¡cuántas guerras! En el barrio, en el puesto de trabajo, ¡cuántas guerras por envidias y celos, también entre cristianos! Más que pertenecer a la Iglesia toda, con su rica diversidad, pertenencen a tal o cual grupo que se siente diferente o especial. A los cristianos de todas las comunidades del mundo, quiero pediros especialmente un testimonio de comunión fraterna que se vuelva atractivo y resplandeciente. ¡Atención a la tentación de la envidia! Pidamos la gracvia de alegrarnos con los frutos ajenos, que son de todos. Por ello me duele comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aún entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odio, divisiones, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecusiones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos? Pidamos al Señor que nos haga entender la ley del amor. "No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien" (Rom 12,21) "No nos cansemos de hacer el bien" (Gal 6,9). Rezar por aquel con el que estamos irritados es un hermoso paso en el amor, y es un acto evangelizador. ¡Hagámoslo hoy! ¡No nos dejemos robar el ideal del amor fraterno!





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